Irán desafía a Washington y mantiene su programa de enriquecimiento de uranio
Teherán cuestiona la voluntad real de Estados Unidos para negociar y refuerza su postura nuclear mientras consulta con China y Rusia.

10 de febrero de 2026
Irán
Redacción
El gobierno de Irán reiteró que no renunciará al enriquecimiento de uranio, incluso ante un escenario de confrontación militar con Estados Unidos, y puso en duda la disposición de Washington para entablar negociaciones de fondo. La postura fue expresada por el canciller Abás Araqhchi, quien cuestionó la “seriedad” estadounidense para avanzar hacia acuerdos reales.
Las declaraciones se produjeron tras una ronda de conversaciones celebrada en Omán, la primera desde la guerra de 12 días iniciada en junio tras un conflicto regional que involucró a Israel. Aunque ambas partes manifestaron su intención de dar continuidad al diálogo, Teherán advirtió que evaluará el conjunto de señales antes de decidir los siguientes pasos.
Araqhchi afirmó que Irán solo está dispuesto a discutir su programa nuclear y defendió el derecho del país a desarrollar energía nuclear con fines civiles. En contraste, Washington impulsa un acuerdo más amplio que contemple límites a las capacidades balísticas iraníes y el cese del respaldo a grupos armados hostiles a Israel, una exigencia que Teherán rechaza.
Consultas con aliados y mensaje interno de firmeza
En paralelo a las conversaciones con Estados Unidos, el canciller iraní confirmó que el país mantiene consultas con socios estratégicos como China y Rusia para coordinar posiciones en torno al proceso diplomático.
En el plano interno, las autoridades iraníes enviaron una señal de endurecimiento político con la detención de tres figuras vinculadas al sector reformista y la condena a seis años de prisión de la opositora y Premio Nobel de la Paz, Narges Mohammadi. Estas decisiones reforzaron la percepción de una estrategia dual: firmeza interna y cautela en el frente externo.
Mientras la diplomacia se mantiene abierta, Irán insiste en que no cederá en el núcleo de su programa nuclear, y condiciona cualquier avance a señales claras de Washington. El pulso entre ambas partes, marcado por desconfianza mutua y agendas divergentes, vuelve a colocar al enriquecimiento de uranio en el centro de la agenda internacional.

